¿Qué pensamos y cómo hacemos cuando somos familias que cuidamos?

Por: María Josefina Ríos

Cuando hablamos entre familias, madres, padres, cuidadores, que pueden ser tías/os, padrinos/madrinas, abuelas/os, educadoras/es y sale el tema de nuestros hijos e hijas, niñas/os o adolescentes, podemos usar diferentes palabras para mencionar cómo queremos o cómo soñamos que sea SU vida. Sin embargo, lo que nos hace iguales es que siempre queremos cuidarles; deseamos que puedan vivir una vida mejor que la que nosotras/os vivimos en nuestra época. Deseamos que tengan una vida más fácil, más organizada, más alegre, de mejor calidad, que no tengan que hacer tanto esfuerzo como nuestros padres y madres, o como nosotras/os mismas/os lo hacemos hasta hoy.

¡Es decir, queremos que sean felices! Que sean buenas personas, sanas y realizadas.

Algo que debemos tener en cuenta, como madres, padres, cuidadoras/es es que nuestra manera de vivir hoy es algo que va a tener un impacto directo en cómo viven nuestros hijos e hijas y más todavía cómo van a decidir vivir sus propias vidas. Esto nos empuja a pensar en sus derechos y sus obligaciones como personas que viven en una sociedad organizada.

Ser madres, padres, cuidadoras/es no es un trabajo fácil, no se aprende en ninguna escuela ni universidad; casi siempre se aprende haciendo, y claro, tenemos nuestros errores y nuestros aciertos. La mayoría de las veces creemos que lo mejor fue aquello que nuestros propios cuidadores nos enseñaron y tratamos de repetir lo mismo, con todo el amor y las ganas de cuidar que sentimos por nuestras hijas e hijos.

Algo que nos pasa muy frecuentemente es que, a pesar de que decimos que la época que viven nuestras hijas e hijos es diferente de la nuestra, no conocemos o no sabemos realmente, cómo es el mundo que viven y creemos que como personas adultas, y responsables de ellas/os ante la ley y la sociedad, podemos obligarles a hacer las cosas como creemos que “deben ser”, según lo que aprendimos. Inevitablemente, para la mayoría de las personas adultas; el mundo y las costumbres cambian muy rápido. Esto no siempre es malo, muchas veces cambian las costumbres, para tener mejores condiciones para los seres humanos. Algo necesario es aprender, aceptar y tolerar lo nuevo y lo diferente, para que podamos cumplir nuestros roles/trabajo de darles amor, cuidado y protección y que ellas/os puedan ser mejores personas y ciudadanas/os responsables.

Acá viene la gran pregunta que todas/os necesitamos hacernos y responder honestamente: ¿cuál creemos que es la clave para ayudar a nuestros hijos e hijas, niñas, niños y adolescentes, a ser personas más felices y realizadas?

Quiero compartir con ustedes lo que yo creo que es un camino para eso, y no es solo mi opinión, sino que está basado en observación de vidas y en evidencias que nos dan los estudios sobre el progreso de las personas, las familias y las comunidades, y hasta les podría decir que es mi propio testimonio de vida.

La educación, como una meta de vida y como una forma de buscar mayor bienestar es un camino real y posible. Las personas que acceden a un nivel de educación más alto tienen más posibilidades de vivir mejor. Esto tiene relación directa con las posibilidades de salir de la pobreza. Es una manera de cambiar las vidas de las siguientes generaciones. No estamos condenadas/os a ser pobres toda la vida, una generación detrás de otra… Aspirar a vivir mejor es un derecho que tenemos todas las personas.

Tampoco estoy hablando de grandes cambios en poco tiempo. Tenemos que pensar en cómo vivieron y qué pudieron estudiar nuestros abuelos, luego nuestros padres y madres y nosotras/os mismas/os, para planear y buscar qué y cómo podemos lograr que nuestros hijos e hijas lleguen al nivel siguiente de educación. Si nuestros padres o madres pudieron terminar la primaria, a lo mejor nosotras/os pudimos completar la secundaria, y podemos aspirar a que nuestros hijos e hijas hagan estudios técnicos, para alcanzar un oficio profesional, y así para adelante.

Acá es muy importante resaltar también el tema de la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y varones. ¿Por qué? Porque en nuestra cultura, y en la mayoría de las culturas de todo el mundo, las mujeres tienen un trabajo principal en la crianza de los hijos e hijas, aparte de que estén trabajando o no fuera de la casa también. Hay mucho para cambiar en nuestras costumbres, para que la responsabilidad de la familia sea más compartida entre todas las personas que viven en ese lugar llamado hogar o nuestra casa. Lo ideal es que todas y todos, lleguen a una educación más alta. Lo que ya se sabe hoy es que una mujer más educada, tiene una familia más sana, tiene hijos más tarde, decide tener menos hijos y esto facilita que la siguiente generación sea menos pobre. 

En este punto es donde ponemos en el centro de nuestra conversación el tema de la Educación Integral de la Sexualidad (EIS) como parte de la necesidad de una vida más plena y más realizada para todas las personas. Sabemos que esta cuestión nos pone nerviosas/os a la mayoría de las madres y los padres, porque tiene relación directa con la sexualidad, y mucha gente, cuando piensa en sexualidad, se imagina solamente una relación sexual, tiene solo la imagen de dos cuerpos juntos. La sexualidad es mucho más que eso. Los seres humanos somos complejos, somos una mezcla de muchos aspectos que nos convierten en eso que somos cada uno de nosotros. Somos un cuerpo, y también emociones, sentimientos, comportamientos, creencias y valores. Tenemos una historia personal y aprendizajes que vamos sumando durante toda nuestra vida. Por eso, somos seres únicos, podemos ser parecidos, pero nunca totalmente iguales a otros. Esto es bueno porque nos enriquece como grupo, como familia y como sociedad. No todas las personas tenemos que ser de una sola manera, cada una puede encontrar su propia forma de estar y ser en la vida. Esto también es un derecho que tenemos.

Cuando hablamos de Educación Integral de la Sexualidad estamos hablando de información que nos da la ciencia, que siempre se está actualizando, que es realista, que explica y enseña sobre el sexo y las relaciones interpersonales, que tiene que ver con lo que es importante en nuestra cultura y está de acuerdo con la edad de las personas que son nuestro objetivo de educación y formación. No es decir qué está bien o qué está mal.  Con esta información aprendemos a conocernos a nosotras/os mismas/os, aumentar nuestra autoestima y se hace importante entender el relacionamiento y las condiciones necesarias para construir vínculos saludables. Esto nos permite tomar decisiones relevantes para nuestras vidas. Entre éstas, la decisión de realizar o no un acto sexual, tomando en cuenta las responsabilidades y los riesgos que surgen de esta decisión, para nuestra salud y para nuestra vida presente y futura. Lo que se desea es que las personas que toman esta decisión estén bien informadas y sepan muy bien lo que están haciendo. No tiene nada que ver con conductas inmorales, sino que se fomenta el entendimiento entre las personas y el respeto a cada una de ellas. Se enseña también a aceptar y no discriminar a las personas, ya que todas las personas somos diferentes y elegimos para nuestras vidas lo que nos hace bien y lo que nos permita ser de verdad, nosotras/os mismas/os.

Es muy importante saber que las madres, padres, cuidadores/as no tenemos la obligación de saber todo y en este tema en particular, todas/os tenemos nuestras limitaciones. Lo bueno es entender que podemos buscar ayuda en otras personas, profesionales, grupos y organizaciones que nos pueden apoyar para aprender y para hablar sobre la Educación Integral de la Sexualidad con confianza y seguridad. Hoy tenemos muchos lugares y recursos para hacer esta tarea de amor, cuidado y protección con nuestras/os niñas, niños y adolescentes. Entre estos recursos a los que se puede acudir por información, consejos y capacitaciones, podemos contar con:

Finalmente, ¿qué pensamos y cómo hacemos cuando somos familias que cuidamos? 

¡Principalmente, nos ocupamos! Nos ocupamos de revisarnos a nosotras/os mismas/os, como cuidadoras/os, de aceptar nuestras limitaciones y pedir ayuda, de aprender lo que necesitamos y responsablemente cambiar y ajustar nuestras ideas y prácticas, para acompañar las vidas de nuestras/os niñas, niños y adolescentes, quienes, además de nuestro amor, necesitan cuidado y protección. Es una tarea desafiante y al mismo tiempo muy satisfactoria.

María Josefina Ríos V.
Lic. En Psicología, R.P. No. 129
Dra. en Psicología – Consultora Independiente
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