EL AUTOCUIDADO

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El autocuidado implica cuidar no sólo la salud física sino todos los aspectos de nuestras vidas. Porque la salud va mucho más allá de los medicamentos que tomamos, del historial médico que tengamos o de la genética que heredamos. Claro que es importante cuidar lo que comemos, lo que bebemos y los productos que entran en contacto con nuestra piel.

Pero nuestro cuerpo y nuestra salud registran no sólo los productos a los que nos exponemos sino todo lo que hace a nuestro mundo emocional, mental,  espiritual y relacional. Nuestra salud integral guarda relación con cómo pensamos, sentimos, nos hablamos y hablamos a las otras personas, cuánto nos valoramos y valoramos nuestro impulso creativo y vital, cuánto nos respetamos y respetamos nuestra necesidad de descanso, espacio, tiempo y disfrute. Ponernos en el centro de la ecuación importa, no en el sentido egoísta o narcisista, sino en el sentido de empoderarnos y ser responsables de nuestros pensamientos, actitudes, decisiones y acciones.

Autocuidado supone también ser capaces de expresarnos tal y como somos y tener la posibilidad de expresar nuestras necesidades, deseos y límites. Sentirnos a gusto, en confianza y seguridad tiene un alto impacto en la salud de nuestros cuerpos. Por consiguiente, el entorno en el que nos movemos y las relaciones que construimos influyen en nuestra salud más de lo que creemos.

Por el rol social que ocupan en nuestra cultura, muchas mujeres terminan descuidándose para cuidar de otras personas y anteponen las necesidades de estas por sobre las suyas.  Este autoabandono, a la larga, resulta perjudicial, para quien cuida y quien es cuidado o cuidada. La Dra. Christiane Northrup dice al respecto que “nuestra cultura ha tergiversado la metáfora del sustento con el fin de que las mujeres se entreguen a los demás sin cuidar de ellas mismas. Las mujeres dan y dan, sin reponerse, hasta que el pozo se seca” y luego agrega “aunque no hay nada malo en sustentar y cuidar, hacerlo a expensas de sí misma puede establecer la pauta para la mala salud”[1].

El simple hecho de cuidarnos es lo suficientemente desafiante en el mundo de hoy, y el autocuidado en el contexto de las relaciones con otras personas agrega muchas otras capas de complejidad. Por eso, en un mundo que cada vez nos exige más y más, es sumamente necesario establecer límites, protegerlos y respetar los límites de los demás.

El autocuidado, el empoderamiento y la responsabilidad van de la mano. Confiar a otras personas la satisfacción de nuestras necesidades físicas, psíquicas, intelectuales y espirituales porque pensamos o sentimos que no somos capaces de hacerlo, no nos lleva a buen puerto. Responsabilidad es la capacidad de responder con habilidad, de generar las respuestas propicias, adecuadas y consecuentes con quienes somos y con la manera en que decidimos cuidar de todas y cada una de las esferas que hacen a nuestra vida.

[1] Northrup, C (2010). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Barcelona: Urano Ediciones. P. 429

Octubre, mes del autocuidado

Este mes lo dedicamos al autocuidado, es decir,  “al conocimiento para poner en práctica el cuidado propio y al desarrollo de las habilidades necesarias para alcanzarlo; tiene que ver con el reconocimiento de las condiciones físicas y emocionales. En el campo de la salud sexual, el autocuidado se relaciona con la preservación de la salud y la prevención de enfermedades, incluyendo las infecciones de transmisión sexual (ITS), la violencia y los embarazos no planeados”. (Glosario Regional sobre Educación Integral de la de la Sexualidad, VIH-Sida para América Latina y el Caribe, 2009, citado en la Guía para docentes sobre educación integral de la sexualidad – Educación Permanente del Serpaj Py, disponible en: https://cutt.ly/WEC52yZ.

A continuación proponemos una dinámica puede realizarse con personas adultas, adolescentes y jóvenes.

¡Hacé click para descargar!

Yo soy yo de Virginia Satir

Ilustrado por Diego Celma Prado

En todo el mundo, no hay nadie como yo.

Hay personas que tienen algo en común conmigo, pero nadie es exactamente como yo.

Por lo tanto, todo lo que surge de mí es verdaderamente mío porque yo sola

lo escogí.

Soy dueña de todo lo que me concierne.

De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace;

mi mente, incluyendo todos su pensamientos e ideas;

mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que contemplan;

mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, frustración, amor, desilusión,

excitación;

mi boca y todas las palabras que de ella salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas;

mi voz, fuerte o suave,

y todas mis acciones ya sean para otros o para mí misma.

Soy dueña de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.

Soy dueña de todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.

Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme íntimamente.

Al hacerlo, puedo amarme,

y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma.

Puedo así hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho.

Sé que hay aspectos de mí misma que me embrollan, y otros aspectos que

no conozco.

Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma, valiente y

esperanzada, puedo buscar las soluciones a los embrollos y los medios para

llegar a conocerme mejor.

Sea cual sea mi imagen visual y auditiva, diga lo que diga, haga lo que

haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta en un instante del tiempo
esa soy yo.
Esto es real y refleja dónde estoy
en ese instante del tiempo.

Más tarde, cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva, qué dije y qué

hice, qué pensé y qué sentí, quizás resulte que algunas piezas no encajen.

Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostró que sí encaja. E inventar algo nuevo en vez de lo que descarté.

Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer.

Tengo las herramientas para sobrevivir; para estar cerca de otros, para ser

productiva, y para encontrar el sentido y el orden del mundo formado por la

gente y las cosas que me rodean.

Soy dueña de mí misma y por ello puedo construirme.

Yo soy yo y estoy bien.

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